Mirar, delegar, seguir mirando.

La otra noche pude ver un interesante documental en La2. “Comprar, tirar, comprar” es un excelente trabajo que nos habla sobre la obsolescencia programada. En el encontraremos una detallada explicación de por qué pese a los avances tecnológicos los productos electrónicos cada vez duran menos. ¿Cómo es posible que hace cien años las bombillas se fabricaran para durar 2500 horas y hoy en día no duren ni la mitad?, ¿Cómo es posible que la bombilla más antigua del mundo esté a punto de cumplir 112 años y luzca cada día en el parque de bomberos de Livermore, mientras la del flexo de tu mesita de noche hay que cambiarla cada año? ¿Por qué reparar una impresora resulta tan complicado que hace que compense más tirarla y comprar una nueva?. La respuesta a este tipo de cuestiones habrá que buscarla en el sistema productivo. En mercadotecnia esto estaría relacionado con lo que se conoce como el ciclo de vida del producto. Las empresas estudian las condiciones en las que un producto se vende en sus distintas fases una vez lanzados al mercado. Parece ser que en los casos mencionados, y muchos otros expuestos en el documental, lo rentable no es fabricar el mejor producto posible para que así el satisfecho cliente vuelva a confiar en la empresa para futuras compras. No, lo rentable es estimular la cadena de producción limitando la durabilidad del producto para generar la necesidad de adquirir otro en un periodo más breve de tiempo. Recuerdo haber leído hace años a Marvin Harris exponer brillantemente esta idea en el capítulo ¿Por qué no funciona nada? de su excelente ensayo sobre La cultura norteamericana contemporánea -cuya reveladora y entretenida lectura aprovecho para recomendaros-.  En resumen, que lo importante no es la “cosa en sí”, sino la “compra-venta en sí”. Al fin y al cabo, como también explica Harris en el libro, si el cliente quiere quejarse deberá pasar por un periplo similar a una especie de travesía en el desierto en la que  sólo tendrá contacto telefónico con contestadores automáticos, tele-operadores supuestamente humanos, y en la que es probable que el farragoso proceso burocrático de reclamación finalmente consiga hacerle desistir de su objetivo. Esto es cuanto menos algo sustancialmente distinto de bajar al tendero de la esquina y ponerle la cara colorada porque te vendió unos yogures caducados.

Este modus operandi no sólo es germen de productos “endebles”, también lo es de ingentes cantidades de residuos. Que como suele ocurrir en estos casos van a parar a vertederos del tercer mundo donde nadie, o casi nadie, protesta. En el documental un activista nativo explica la dramática situación de Ghana, convertida en basurero mundial de computadoras inservibles. Claro que en teoría esto es ilegal, pero bastará por ejemplo con poner unos cuantos ordenadores que funcionen en el camión -justo delante de toda la chatarra- para camuflar la carga como si fueran productos de “segunda mano”. Los habitantes del lugar remueven entre los escombros en busca de materiales reciclables para luego venderlos a países como China o Taiwan. Con esos materiales baratos países como Korea, Japón o USA volverán a ensamblar unos ordenadores que serán vendidos con un buen margen de beneficio para los intermediarios, he ahí el negocio. Más pronto que tarde volverán a acabar en esos vertederos dando continuidad al ciclo.

La cadena producción-consumo no debe parar.

Mientras veía el documental no pude evitar relacionar todo lo anterior con mi experiencia laboral como orientador psicopedagógico en centros educativos de Primaria y Secundaria. Esto así dicho, de pronto, requiere una explicación. Cada año escolar que pasa es más frecuente encontrarse con padres de alumnos preocupados ante la posibilidad de que su hijo padezca tal o cual síndrome de cuya existencia han tenido conocimiento recientemente. Fundamentalmente a través de la televisión, seguida de cerca por Internet. Últimamente no sólo demandan asesoramiento a cerca de posibles patologías, sino que cada vez más nos encontramos con solicitudes de información sobre cosas más básicas como cuentos, canciones infantiles o actividades de ocio.

Entre todas estas, la consulta estrella es el TDHA. Pongamos pues como ejemplo este trastorno del comportamiento que ha gozado de bastante publicidad en los medios, ya que su aumento en cuanto a la frecuencia de diagnóstico en la última década ha sido espectacular. Hemos de decir que el metilfenadato es un psicoestimulante comercializado bajo diversos nombres por las compañías farmacéuticas para tratar la hiperactividad y la falta de atención. Su uso se ha popularizado de manera notable. En relación a su empleo surgen cada vez más voces que denuncian un sobrediagnóstico del trastorno estimulado por la industria farmacéutica y el modelo clínico. Algunos incluso hablan de un fraude en toda regla. Yo, de momento, no voy a entrar en la existencia o no del TDAH. Pero lo que sí he observado en mi trabajo cotidiano es que hoy en día en las unidades de salud mental infanto-juvenil se diagnostica con una alegría y facilidad pasmosas a niños cuyo verdadero problema está en las pautas de crianza de sus padres. Por suerte no siempre es así, pero son demasiados los casos en los que sólo con  información de los padres se etiqueta al niño como paciente y en consecuencia se le medica. Sin entrar a valorar el estilo educativo de esos padres, su responsabilidad e influencia en el comportamiento del niño, las características de su contexto inmediato o las informaciones del entorno escolar.

Se ha generado toda una red asistencial que tiene que justificar su razón de ser. ¡Ojo! no estoy diciendo que el asesoramiento y apoyo especializado a las familias no sea una necesidad de primer orden. A lo que me refiero es a que sobre dicha necesidad real se erige todo un entramado que persigue convertir al sujeto medio en demandante de asesoramiento, en paciente o en cliente. Como decíamos antes la “cadena de producción-consumo” es más importante que la “cosa en sí”. Con el agravante en este caso de que la “cosa en sí” no es una cosa, sino personas. Esto, como sucedía en el documental “Comprar, tirar, comprar”, contribuye genera individuos también “endebles”, sin recursos personales propios.

Desde los medios de comunicación se publicitan incesantemente todo tipo de trastornos tipificados en el DSM-IV o por tipificar. Raro es el día que no encontramos noticias de este tipo. ¿Su hijo es revoltoso? Tal vez sea hiperactivo. ¿Su hijo tiene 3 años y no pronuncia aún la “r”? Acuda al logopeda. ¿Su hijo es muy maleducado con las visitas? Tal vez tenga un grave trauma emocional, vaya al psiquiatra. Desde mi punto de vista esta forma de operar contribuye a fomentar una dejación de responsabilidades en cuanto al papel integral de los padres como educadores. Lejos de que el asesoramiento sea un punto de apoyo al proceso educativo, se tiende a compartimentar sus distintos aspectos para delegar plenamente en “otro”, en el profesional, en el especialísta, en el “experto” externo.

Lo peor es que paradójicamente esto a veces acaba por patologizar realmente el asunto.

Vivimos en una sociedad compleja que se ha caracterizado en los últimos años por grandes cambios en sus dinámicas cotidianas. Dificultades para conciliar la vida laboral y familiar, incremento de estreses y ansiedades, cambios en los modelos de familias etc. Y todo ello enmarcado en el entorno multipantalla que caracteriza los rincones de los hogares.    En un estudio “La familia en el entorno multipantallas” realizado por C.M. Lazo y J.A. Gabelas se concluye, entre otras cosas, que la televisión sigue siendo la pantalla protagonista en el consumo doméstico familiar. Que son los padres quienes deciden que se ve, quienes controlan el “mando a distancia”. Pero que sin embargo, son los hijos los principales usuarios de las pantallas de videoconsolas y ordenadores en el hogar.

La comunicación fluye a través de esas pantallas de manera incesante.

¿Fluye también la comunicación entre padres e hijos en los hogares españoles?

¿Qué papel juega la relación que en un hogar establecen los distintos miembros con las distintas pantallas y entre sí mismos función de esto último?

Existe una tendencia en los medios que sugiere a los padres posibles etiquetas explicativas para el comportamiento de sus hijos, para posteriormente ofrecer soluciones asistenciales. Se pone el foco en el hijo, tiene un trastorno decimos. Me lo ha dicho el psicólogo. Cuando quizás el foco debería estar en muchos casos en el análisis de la relación padre-hijo-medio. Esta vez en lugar de comprar y tirar para volver a comprar, la cosa consiste en mirar la televisión o internet para ver cuál es el problema del hijo, buscar el especialista adecuado para que lo solucione y encender de nuevo la televisión a esperar nuevas instrucciones mientras queda uno entretenido.

Mirar, delegar y seguir mirando.

10 comentarios el “Mirar, delegar, seguir mirando.

  1. Sonrisa🙂 por lo que me dijiste, sonrisa🙂 por lo que hablamos y sonrisa🙂 por tu post. Veo que tú sí fluyes y espero seguir conectada contigo cuando decidas entrar al club.

  2. Isa dice:

    Me encanta tu forma de expresar el contenido del documental y como lo relacionas. Totalmente de acuerdo con lo que afirmas. Un placer poder leer cosas así
    GRACIAS

  3. […] background-position: 50% 0px ; background-color:#222222; background-repeat : no-repeat; } microfactor.wordpress.com – Today, 12:47 […]

  4. alexsecurs dice:

    Me alegran mucho vuestros comentarios. Gracias Isa por lo de “expresar el contenido del documental”. Y gracias Elisa por participar…¿voy a tener que dejar que me sugieras también el contenido del próximo post para fidelizarte? jeje🙂 Gracias por leerme, de veras.

  5. Luis SV dice:

    Muy buena la entrada.
    A mí este documental me encanta, de hecho lo utilizo como material en el curso del Master para explicar el origen de muchos de los problemas ambientales derivados de nuestro sistema de producción y consumo.
    También me parece muy relevante cómo explica el funcionamiento de un cártel (con el ejemplo de las bombillas), ya que en la actualidad vemos cómo los bancos o las empresas energéticas actúan de una manera parecida, secuestrando la libertad de los consumidores y poniendo de manifiesto la falacia de lo que nos definen como “libre mercado”.

  6. Buarfa dice:

    Este documental evidencia que nos estamos desconectando cada vez más de la Tierra que nos da la vida y que no cuidamos los recursos que nos proporciona para vivir. Además la ideología de las infinitas necesidades del ser humano, que proclama este modelo económico-cultural, se extiende a nuestros propios valores contaminando e infectando a sociedades enteras. Una verdadera pena que no tegamos una conciencia más global y ecológica, y por supuesto, como especie que somos.

  7. Maribel dice:

    Alex….con un poquillo de tiempo, leyendo tus reflexiones y cuanta razón tienes…estando aui en el campo de batalla del cole, planteas uno de los problemas más urgentes que tenemos…añado comentario justo hoy entre compañeros… el médico del cole dice: ” ha llegado un momento que los médicos preferimos tener niños sedados que madres histéricas”. Es la epidemia infantil del siglo XXI, TDAH…pero en realidad es la consecuencia de otra epidemia…falta de comunicación, de estar, de hablar, de gastar horas y horas e invertir horas y horas en una riqueza segura…la familia. Gracias por tus reflexiones y enhorabuena compañero…vas in crecendo y sin frenos…

  8. @delancray dice:

    Un punto de vista muy interesante el que planteas en la entrada. Si es cierto que existe una tendencia a dejar la educación en manos de la televisión. La única solución por la que puede optar el consumidor a la hora de enfrentarse a los contenidos es desarrollar su capacidad crítica. Y ya que mencionas el caso de los padres y de cómo diagnostican a los hijos a través de información a la que acceden por los medios, pensemos por ejemplo, si el resto no lo hicimos cuando los medios de comunicación nos bombardearon con la noticia de la gripe A (gripe porcina). LA OMS lo reconoció como pandemia y el mundo entero portó mascarillas por meses.
    El poder subyace en la reflexión.

  9. alexsecurs dice:

    Es curioso ver las respuestas de cada uno desde vuestras distintas perspectivas laborales e intereses (ambiental, espiritual, docencia, empresarial). Esto nos habla de la relevancia del tema y de lugares comunes, que es a fin de cuentas lo que trataba de expresar en el post. Mil gracias por leerme chicos, me alegra mucho que encontréis un ratillo para leer el blog🙂

  10. […] -Mirar, delegar, seguir mirando […]

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