Del digïtus a lo digital

Nuestra historia evolutiva está estrechamente relacionada con lo digital. Podríamos considerar que empieza en lo digital y termina, al menos por el momento, en lo digital.

Hoy en día, en la era de la comunicación, por razones obvias tendemos a asociar directamente la palabra digital al desarrollo de las tecnologías que se sustentan sobre la base de ese sistema. Pocas veces reparamos ya en su acepción primigenia, la que hace referencia a los dedos. No en vano, la etimología de dígito indica que proviene del latín digïtus, que significaba dedo. Me resulta curioso como entre estas dos maneras de entender lo digital podríamos trazar un esbozo del proceso evolutivo del ser humano y plantearnos una seríe de preguntas sobre su futuro.

Hace más de dos millones de años el homo habilis comienza a destacarse de otros primates, de tal forma que podemos considerarlo uno de los primeros representantes del género humano. En gran medida esto puede ser explicado debido a que por aquel entonces los enormes cambios climáticos traen consigo transformaciones en la anatomía de la mano de algunos primates, dando lugar a esta especie. El pulgar oponible unido al aumento de tamaño de este dedo y al decrecimiento del resto de dedos de la mano, supone la posibilidad de realizar con una mayor precisión lo que se conoce como la pinza digital. Esta aparentemente insignificante cualidad consistente en unir el dedo gordo con el dedo índice está en la base del desarrollo posterior de muchas de nuestras facultades superiores. Este sencillo movimiento es el responsable de nuestra capacidad para construir herramientas, inicialmente de piedra. De la mano (nunca mejor dicho) de estas herramientas va a venir un mayor crecimiento del cerebro humano, asociado no sólo a una mayor capacidad para conseguir proteínas mediante los intrumentos de caza fabricados, sino también a la estimulación cognitiva que supone su uso y diseño. La inteligencia se va desarrollando así hasta llegar al homo sapiens.

Estos fueron los primeros pasos de la tecnología más rudimentaria, pero conviene también en esta historia recordar el papel de lo digital -seguimos hablando de dedos- respecto al desarrollo de otra de las capacidades considerada inherentemente humana, el lenguaje. La capacidad de señalar con el dedo índice tiene bastante más importancia para la comunicación de lo que normalmente se cree. De hecho es considerado un prerrequisito del lenguaje oral que los humanos desarrollamos de manera innata. Cuando señalamos con el índice estamos diciendo al otro “mira, yo, que estoy aquí, te muestro a ti que estás ahí, eso que está allá”. Con ese signo estamos representando simbólicamente el acto comunicativo, reconociendo al otro como una entidad aparte del propio yo y trasmitiéndole información. Posteriormente vendrá el lenguaje oral y el escrito, donde incluso se llama deípticas a las palabras que se interpretan en relación con la situación de comunicación.

Un hecho interesante es, por ejemplo, que los autistas profundos no llegen a desarrollar esta habilidad para señalar con el dedo índice. El escaso interés por relacionarse con los demás evitará el empleo de este gesto no verbal a la hora de interaccionar socialmente. Por eso se cree que cuando necesitan algo, toman a la persona del brazo y lo llevan hasta donde está el objeto, estableciendo una relación puramente utilirarista. Utilizan a la persona para acceder a lo que quieren pero no se comunican con ella pues se piensa que no son capaces de elaborar una teoría de la mente, en la que los estados mentales del otro queden representados. En este tipo autistas el lenguaje oral tampoco aparecerá ya que sus capacidades de representación simbólica están afectadas.

Ese simbolismo del que hablamos es responsable directo de la aparición de capacidades cognitivas superiores como la imaginación, la planificación, la elaboración de hipótesis o la empatía, producto de las cuales el ser humano ha desarrollado desde sistemas políticos, éticos, religiosos hasta el arte o la ciencia.

Curiosamente este progresivo desarrollo de herramientas y lenguaje simbólico, ha venido a confluir en el avance tecnológico en lo que conocemos como sistemas digitales. Esta vez sí, entendiendo estos como los dispositivos diseñados para tratar con señales electrónicas no analógicas. La electrónica digital y el lenguaje de programación informática se fundamentan en el sistema binario, que es un código de representación que sólo utiliza dos dígitos, 1 y 0. En la mayoría de los sistemas digitales el nivel alto está representado por el 1, mientras que el nivel bajo lo está por el 0. El 1 representa el encendido de un interruptor, mientras que el estado apagado está representado por un 0. La activo y lo pasivo.

Tal vez alguien pueda reparar en esa especie de dualismo latente en este código y presente también en los más diversos modos de representación y expresión humanas (Moral:bien/mal, Política: izquierda/derecha, Espiritualidad: yin/yang, etc). Y es que nosotros diseñamos la tecnología en función de nuestros modos de representación, pero luego ésta nos transforma a nosotros y también a esos modos. Es un viaje de ida vuelta. Me pregunto, ¿qué será la próximo que nos deparará esta eterna danza entre la tecnología y la biología humana?

En algunas universidades, utilizando equipos digitales para el análisis de patrones cerebrales están consiguiendo ya la capacidad de mover mediante el pensameinto objetos dotados de dispositivos electrónicos. ¿Cuál sería entonces entonces el futuro del digïtus?. Y si como hemos visto éste ha sido hasta el momento inherente a lo humano, de proliferar ese tipo de tecnologías ¿cuáles serían las transformaciones asociadas para con la condición humana?

De momento, nos ha tocado vivir una época en la que el legendario y milenario digïtus se ecuentra con su descendiente digital.

El dedo sigue siendo el ejecutor del libre albedrío, la extensión material de la mente humana que dominia la máquina. ¿Por cuánto tiempo?. Es una buena pregunta.

4 comentarios el “Del digïtus a lo digital

  1. Buarfa dice:

    Interesante broder!!, ¿la pastilla roja o la azul? ¿puede que dejemos de elegir cuál tomamos? como nos la empiece a recetar la computadora digital electromagnética veremos a ver que pasa… ¿habrá co-pago? ¿se hará cargo algún mago?. No se… creo que nuestra forma de interaccionar con las tecnologías digitales cambian nuestra forma de pensar poco a poco, pero muy lentamente, y, en lo esencial, que es lo que nos sirve para adaptarnos al medio, estos cambios se dan de forma muy lenta…sin embargo los cambios en la evolución tecnológica parecen ir cada vez más rápidos. ¿Significará esto que los cambios en el funcionamiento de la mente se aceleran también? ¿Cuánto, cómo, por qué? Pues no lo se… jejej Saludos

  2. alexsecurs dice:

    sin embargo los cambios en la evolución tecnológica parecen ir cada vez más rápidos. ¿Significará esto que los cambios en el funcionamiento de la mente se aceleran también?. Gran pregunta

  3. Emilio dice:

    ¿Qué tal Alex? Discúlpame, tenía pensado escribir un comentario a esta entrada desde hace unas semanas, pero por unos motivos u otros me ha sido difícil hacerlo.

    Impecable la reflexión abierta en el hilo. De verdad, no es que me haya gustado, simplemente me parece una idea tan acertada como de necesaria urgencia a la hora de tratarlo en el presente. Me ha parecido maravilloso volver a recuperar los sentidos que la voz “digital” puede llegar a evocar, sobre todo en estos momentos en donde como apuntas: “…en la era de la comunicación, por razones obvias tendemos a asociar directamente la palabra digital al desarrollo de las tecnologías que se sustentan sobre la base de ese sistema…” Recuperar los sentidos, y cuantos más originarios sean mejor, de lo que damos por sentado puede parecer un simple entretenimiento, visto desde fuera, pero a la postre se vuelve revelador cuando de esos sentidos surgen sentidos muchos más sencillos, por claros, para entender un fenómeno cualquiera.

    Lo primero que me vino a la cabeza cuando leí la entrada fue una, una más entre otras, referencias a Spinoza (ya no sé donde termina la admiración y comienza una posible obsesión), recordando aquello de: “…nadie sabe lo que puede un cuerpo…” Pienso conveniente la necesidad de desarrollar una antropología filosófica del cuerpo, de la mano en particular como fuente del desarrollo espistemológico y de la estructura morfológica de la mano como instrumento (aunque quizás no sea el término más acertado) de posibilidad de la acción y la libertad. El proyecto sería arriesgado y tampoco es que sea de una novedad inédita cuando desde hace tiempo los paleontólogos, antropólogos, historiadores,… se han dedicado al estudio de las líneas evolutivas morfológicas desde nuestros antepasados.

    En uno de los pequeños pasos dados durante los años en la facultad estuvimos viendo una interpretación de la función significativa de los lenguajes en el carácter formal de la cultura objetiva, que además llevaba a una nueva interpretación de la dualidad aristotélica entre entendimiento agente y paciente. Algo que en un primer momento nos pareció muy complejo pero a la larga cada día me parece más bello.

    Partimos del hecho de que los lenguajes representan de un modo específico las cosas. Si cada lenguaja puede re-presentar las “cosas” es en la medida -Wittgestein- en que comparte con ellas su forma misma de representación; las cosas (realidad extralingüística) son talladas a la misma escala del lenguaje en cuanto que producidas o construidas según una estructura que es isomorfa con la misma estructura del lenguaje y que por ella pueda representarlas. El privilegio que se le puede conceder al lenguaje es que como realidad intrasomática podemos movernos en él para hablar de las cosas sin necesidad de poner en juego, siempre y en todo momento, las cosas en sí mismas. Las consecuencias de este fenómeno del lenguaje en las relaciones de producción son simplemente esclarecedoras. El lenguaje actúa doblemente, como soporte de las actividades productivas y de las relaciones que de ella se derivan, y como posibilidad de sustento real, mantenimiento y prosecución de dicha producción y la vida social que de ella se deriva. Realmente esto parece complejo y su despliegue puede resultar cuanto menos farragoso, pero quedémonos con esto: para construir y proseguir la estructura del mundo humano en su estrato extralingüístico (mundo de los objetos producidos y de la relaciones que de ellos se derivan) es necesaria la mediación de la misma re-presentación lingüística que en cuanto participación isomorfa intercalada en la estructura puede de un lado re-presentarla haciendo posible del mismo modo su construcción.

    Hasta ahí sobre el lenguaje, y sinceramente no sé si me he explicado correctamente y lo que es peor, que se puede entender algo de lo expuesto. Respecto al lado de la “cosas” hemos marcado su caracter extralingüístico, además del extrasomáticos; dicho carácter reside en la necesidad de que dichos objetos tienen necesariamente (deben pues) ser conservados y almacenados, debido a que el objeto lleva impreso en propia morfología su propia norma de construcción y uso social. Dicha conservación y recurrencia deben pasar transgeneracionalmente de modo que cada nueva generación pueda instalarse en el uso o las relaciones sociales puestas en acción a través de la morfología de dicho objeto. Es el objeto en sí el que lleva impreso su propia norma de fabricación y uso social.

    El paso definitivo, ¿qué tiene que ver esto con Aristóteles? Hace invertir la clásica distinción entre entendimiento agente y paciente. Ahora, según lo visto, es el objeto el que pone en acto, o actualiza, las potencias del hombre; ahora es el elemento extrasomático el que pone en marcha las potencias intrasomáticas del hombre para posibilitar la sujeción en el entramado de la realidad. Y ahora es cuando se llega a la inversión completa. El entendimiento agente es identificado con cada una de las formas antropológicas objetivas, (los objetos, las cosas) y al entendimiento paciente como cada uno de los cuerpos operatorios (somáticos, es decir, nosotros en tanto que hombres). La inversión ya se ha producido, ahora resulta que el hombre, aquel ser privilegiado, dotado de racionalidad, resulta que es entendimiento paciente. Pero lo es en tanto que es capacidad o potencia para conocer todas las cosas en tanto que queda sujeto a cualquier posible círculo de objetos antropológicos; siendo entonces el entendimiento agente cualquier posible círculo de objetos antropológicos (el mismo Aristótles los califica como “separados del cuerpo”) que ponen en acto, o actualizan, aquella capacidad o potencia para conocer las cosas.

    Bien, cada día me enrollo más para no saber si digo algo coherente. ¿A cuento de qué viene todo esto? Al hecho del fenómeno digital. No lo hubiera expresado mejor a como lo has hecho Alex: “…nosotros diseñamos la tecnología en función de nuestros modos de representación, pero luego ésta nos transforma a nosotros y también a esos modos.” Este es el gran núcleo del asunto. Diseñamos tecnología y la denominamos digital, pero a la vez lo diseñado nos modifica y nos configura de un modo particular y estrictamente definitorio. Aplicaciones táctiles para ordenadores, la máquina de Pascal es un complejo de ruedas y muelles en estos días. Cuando diseñamos algo, no sé hasta qué punto somos conscientes de que eso diseñado no sólo es algo que tiene una aplicación social, laboral,… en la realidad, sino que además modifica la realidad social, laboral, o la que sea para la que ha sido expresamente diseñada.

    Una vez más disculpa que me enrolle tanto.

    Un abrazo!!!

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