Meditaciones en torno al soundtrack de un tiempo digital

Lo que sigue no son más que las ganas de compartir, a través de un relato digital, ideas y canciones. Esta modesta selección musical, que espero esté ya acompañando tu lectura, se nutre del cine sobre todo. De ese vasto género que son las bandas sonoras. Cine y música son un ejemplo de disciplinas convergentes, sería imposible dejar constancia en este pequeño espacio de la potencia que ha otorgado la música a las historias que nos ha contado el cine. Pero, por suerte para mí, no es ése el objetivo, hoy. Lo que sí espero es lograr hacer converger yo también algunas emociones con ciertas reflexiones sobre el tiempo que nos contempla y que nos aguarda. Tiempo de encrucijadas donde observamos  como el mayor esplendor tecnológico de la historia de la humanidad, convive con el aumento de las desigualdades entre habitantes del planeta y con demasiadas injusticias. Paradójicamente mientras unos sueñan con las maravillas y comodidades que el futuro factible está llamado a originar, otros siquiera llegan aún a alcanzar las posibilidades del presente.

 Tiempo, origen, sueños. Todo esto recuerda demasiado al tema que Hans Zimmer compuso para la película de Christopher Nolan, Inception (2010). Literalmente “inicio” en inglés, aunque fue titulada como Origen en los cines españoles. La sugerente y dramática la pieza que puedes escuchar ahora, comparte con los otros temas de este relato suaves vibraciones electrónicas, sintetizadores jugando con los trabajos de piano, trascendencia evocada por el ambient y miradas que se pierden en el infinito.

En esta película futurista, el personaje que interpreta Leonardo DiCaprio es un experto en apropiarse de los sueños ajenos. Sí, parece ciencia ficción, pero tal vez no lo sea tanto. El escritor y diseñador de juegos educativos Marc Prensky cuenta en su artículo “Homo sapiens digital: de los inmigrantes y nativos digitales a la sabiduría digital”, que investigadores de la Carnegie-Mellon University (CMU) analizando digitalmente patrones cerebrales captados mediante resonancia magnética, son capaces de saber lo que una persona está pensando. Es decir, que tal vez y según estos investigadores, las próximas generaciones puedan leer el pensamiento de la gente, o puedan acceder al cerebro del otro. Parece que lo imaginado por el gran David Cronenberg en otro film futurista, Exsistenz (1999), pudiera tener algún viso de realidad.

Mientras escuchas el tema “Antenne” compuesto por Howard Shore para su banda sonora, te contaré por si no la has visto, que la película refleja un tiempo en que los diseñadores de videojuegos son venerados como ídolos. Las personas pueden conectarse orgánicamente y compartir planos mentales en los que se desarrollan sus partidas virtuales. Imaginemos por un momento algunas de posibilidades que se plantean; escenarios de aprendizaje virtual que permiten experiencias directas, conviviendo con el debate ético sobre la intimidad o las dificultades para distinguir los limites de realidad y fantasía.Enfrentamos una época en la que, cada vez más, podemos acceder a cantidades ingentes de información a través del ocio. Aprender mientras uno se divierte parece ahora más accesible. O por decirlo de alguna manera más elaborada, las progresiva multiplicación de conexiones de red entre personas e informaciones, permiten que los individuos partiendo de sus motivaciones e intereses particulares tengan mayor probabilidad de lograr que sus aprendizaje se ramifiquen y crezcan de manera exponencial. El aprendizaje informal cobra un gran protagonismo no sólo se aprende jugando, sino que se aprende entre todos, en la red social, el conocimiento es una construcción compartida. Como en este tema de Trent Reznor y Atticus Ross, “Pieces Form The Whole” (del inglés “pedazos del todo”) y que podemos encontrar en la banda sonora de la película que narra el surgimiento de Facebook, La red social, David Fincher (2010).

La siguiente pieza, nada menos que del gran Ryuichi Sakamoto produciendo el tema final del videojuego para Ps2, “Seven Samuari” 20XX, lanzado por CHASM en 2004,. nos sirve además de para resaltar que en este género se pueden encontrar también grandes trabajos, como punto y seguido para este relato. Como pausa antes de imprimir un nuevo ritmo. Asunto en el que el verdadero maestro fue Akira Kurosawa, como desmuestra la maravillosa película Los Siete Samuráis (1954). Uno de los grandes clásicos de todos los tiempos en el que está inspirado el videojuego que lleva por banda sonora este tema.

El panorama descrito hasta ahora sugiere progreso, tecnología, conexiones múltiples, socialización del conocimiento, amigos, videojuegos, ríos de información, expansión, futuro, posibilidades, diversión, aprendizaje etc. y otros muchos adjetivos positivos con los que podríamos adornar la impresión. Y es innegable su potencia. Pero toda reflexión que se precie de ser algo más que el resignado acompañante de los hechos, tiene que tener un punto de inflexión.

Y permítaseme servirme de un tosco artificio para calzar aquí y ahora un tema de los Tangerine Dream y tomar la banda sonora de la película Risky Bussines (1983) para enganchar con dos posibles lecturas de esta realidad que venimos describiendo.

Sin duda lo mejor de esta película fue el soundtrack elaborado para la ocasión por esta formación alemana de música electrónica, pionera del ambient y el rock del espacio. Pero a nosotros su argumento nos viene al pelo en este momento. Si recordáis en la película, Tom Cruise interpreta a un tímido y recatado adolescente que sufre una transformación cuando sus padres le dejan solo en casa para hacer un viaje. Ahí comienza la vorágine en la que el bueno de Tom convierte su vida en cuestión de horas. Carpe diem que acaba en mil líos, historias con prostitutas y “negocios arriesgados”. No quiero establecer un paralelismo con una sociedad actual adolescente que se lanza a las redes cibernéticas asumiendo riesgos desconocidos y sin posibilidad del tutela alguna. La idea suena demasiado paternalista como para terminar de convencerme, pero no me negarán que al menos el Bussines sí que está ahí.

La aparente libertad sin limites que ofrecen las redes sociales permite que cada persona pueda actuar como medio de comunicación con todas las posibilidades que ello conlleva. Pero encontramos que una cantidad realmente importante del contenido que se maneja tiene una significatividad bastante limitada. El egocentrismo más rancio y el narcisismo más banal están en la base de gran porcentaje de la información que fluye entre los usuarios. En la mayoría de perfiles de las redes sociales  se pueden encontrar poco más que retahílas de fotos de la última barbacoa, de clichés coleccionables y de contenidos intrascendentes. Esto en sí mismo no tiene nada de malo más allá de lo aburrido que parece o de la pena que cause a veces la poca originalidad de algunos. Tampoco es que se trate ahora de escribir en verso y difundir sólo información estelar, yo soy de los que piensan que un buen trago de intrascendencia entre horas es lo más saludable del mundo. El problema desde mi punto de vista vendría cuando atendemos a que detrás de todo esto hay un negocio. Como es sabido los negocios por lo general tienen querencia por los beneficios y aquí alguien parece haberse dado cuenta de que el exhibicionismo vende. Bueno, en este caso más que de venta podríamos hablar de trueque. La cosa consiste en que te alquilo un escaparate a cambio de que recibas mi publicidad. En fin, escaparates por publicidad tampoco estaría tan mal, si al menos el peaje a pagar no fuese ver a una sociedad atrapada en las telarañas de una red de anuncios que van moldeando a los seres de humanos a consumidores.

En la película American Beauty (1999), Sam Mendes reflexiona de una manera irónica bastante divertida sobre las relaciones superficiales y la fragilidad moral de la sociedad occidental de clase media. No está de más llegados a este punto acompañar nuestras palabras con la banda sonora del film, compuesta por Thomas Newman.

Pero traigamos de nuevo una visión optimista retomando la banda sonora del Bussines. Y es que lo que está claro es que el potencial de este tiempo digital para asumir una interpretación radical de la comunicación global está ahí. Radical no por extremista sino por que atiende a la raíz y a los fundamentos esenciales. Una comunicación global cuyo patrón no lo corten los mercaderes y ciertamente potencie en toda su plenitud el crecimiento individual y social. Seguramente en algo no del todo opuesto estaban pensando los Global Communication cuando decidieron llamarse así. El dúo formado por Mark Pritchard y Tom Middleton es el responsable de “76:14” uno de los mejores discos de ambient de la historia. Cosas de la vida, en ese disco encontramos un cover del tema de “Tangerine Dream” para Risky Bussines. Así que aprovechando que  5:23 imprime intensidad al original podemos darle un par de vueltas también a la versión mercantil de esta historia.

Tal vez una verdadera comunicación global contribuya a reajustar a muchos sujetos frente al mundo con una mirada crítica y alejada del infantilismo del personaje interpretado brillantemente por Kevinn Spacey en American Beauty. A tomar conciencia individual e incluso a facilitar cierta organización de agentes con fines positivos de transformación social. Conocer, compartir, acceder a fuentes nucleares de información y ampliar la experiencia real, esa es la verdadera comunicación global. Algo parecido a lo que le sucede a Jack Lemmon en la película Missing (1982) de Costa-Gavras. Una excelente película basada en hechos reales en la que un joven activista y periodista norteamericano desaparece en el Chile de Pinochet. Su padre (Jack Lemmon) viaja inmediatamente al país para tratar de encontrarlo. A priori, para nada comparte las inquietudes de su hijo y en cierta forma le culpa de su propia desaparición por meterse donde no le llaman. Sostiene una visión idealizada de la sociedad occidental y confía ciegamente en el hecho de ser ciudadano americano para solucionar las cosas. Pero una vez allí un sin fin de trabas burocráticas, encontronazos con las autoridades  locales y con diplomáticos norteamericanos a los que no le interesa que el caso salga a la luz, terminan por provocar una transformación en él. A veces acceder de primera mano a una nueva realidad, hasta entonces vedada, termina por producir una especie de tarsis.

¡Claro que no podíamos escapar de Vangelis!. El anterior es para mí uno de sus mejores trabajos. Pero no sólo no escapamos, muy al contrario y aunque sea para terminar, repetimos. Es verdad que si quisiéramos podríamos hacer otro especial sólo con composiciones de Vangelis, pero este viaje acaba aquí. Y lo hacemos con la banda sonora de la mítica película de ciencia ficción Blade Runner (1982), un clásico futurista indispensable y pionero en plantearse cuestiones éticas en torno a la relación de los humanos y las máquinas. Música inquietante con cierto halo de misterio, propicia para dejaros reflexionando acerca de esta dialéctica. Perfecta para hacer bailar los pensamientos entre utopías, distopías y bambalinas varias.

 

 

 

9 comentarios el “Meditaciones en torno al soundtrack de un tiempo digital

  1. Mr WordPress dice:

    Hi, this is a comment.
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  2. Patricia dice:

    Qué hermosa relación de temas musicales, asuntos vitales y películas inolvidables. La vida, el cine y la música, siempre tan estrecha y armónicamente relacionados.

  3. Oscar Bravo dice:

    interesantes reflexiones se hace muy amena la lectura viajando de la mano esta selección

  4. Buarfa dice:

    oh muy buena música y entretenida lectura

  5. Miguelone dice:

    Para pensar. Más leía, más preguntas me hacía. Simplemente: Era digital = Vaga sociedad. De tanto vivir en el futuro, éste sigue siendo ciencia ficción.

    • alexsecurs dice:

      Gracias a todos por los comentarios. Oye Miguelone me encanta esa frase “de tanto vivir en el futuro, éste sigue siendo ciencia ficción”, me la apunto. No creo que la sociedad digital sea más vaga, al contrario es más activa porque interactúa más, es más dinámica, más potente…. Lo que sí es cierto -y creo que es a lo que tú también te refieres-, es que como dijo Isacc Asimov: “El aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento más rápidamente que la sociedad en sabiduría”. A lo mejor nos viene todo dado tan rápido que nos volvemos, esta vez sí, perezoso para aplicarle ese barniz de pensamiento crítico siempre aconsejable. Precisamente contribuir a esto es uno de los objetivos de este blog. Un abrazo :-)

  6. Miguelone dice:

    Buenos días, estoy de acuerdo contigo y con I. Asimov, pero tal vez sea precisamente eso lo que convierte a la sociedad en algo vaga, ya que muchas veces, la mera participación no es suficiente. De hecho, creo que hasta que no se pueda votar telemáticamente, no aumentará la participación en las urnas. Podríamos concluir con algo así como que en estos casos el fin si justifica los medios. No se si es complicado de explicar o difícil de entender. Un abrazote

  7. alexsecurs dice:

    Está claro que participar es mucho más que en clikar un botón. Particpar es reflexionar, tomar conciencia, relacionarse y relacionar, implicarse, transformar, adoptar perspectivas críticas para la acción, etc. El verdadero potencial de la tecnología debe buscarse en aumentar no sólo la participación sino el nivel y la calidad de ésta. Saludos.

  8. Miguelone dice:

    Estimado Alexsecurs, no se si te tenía olvidado o por contra nuestro nexo de unión no ha sido del todo conciso. El caso es que me gusta leerte y por h o por b, no se han dado las circunstancias. Aunque mucha gente no lo sepa, sigo con pasión tus textos desde finales de los 90’s, época en la que siendo un crio, flipaba con tus reflexiones sobre el techno o sobre la ketamina. La verdad es que siempre he tenido en cuenta tu opinión más que nada por la expresión utilizada, así que desde aquí te animo a que sigas contándonos tus andanzas, un abrazo fuerte… Miguelone

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